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Un parque arqueológico para Parmana

*** El antropólogo Carlos Ríos plantea una vieja aspiración que nació hace treinta y cinco años cuando en la zona se realizó una investigación arqueológica. Aspiración o sueño que a su juicio sólo puede ser posible si las comunidades se involucran verdaderamente.


Para el año 1974 Carlos Ríos Roldán era un estudiante de la Escuela de Sociología y Antropología de la Universidad Central de Venezuela (UCV), deslumbrado por el fascinante mundo de la arqueología.


Uno de los trabajos de investigación de la carrera para obtener el título con la mención Arqueología, lo llevó a formar parte de un equipo encabezado por el arqueólogo venezolano Mario Sanoja Obediente, que excavó varios lugares del área del Orinoco Medio.

Carlos Ríos Roldán es actualmente antropólogo. Egresó de la UCV. Es docente de la Universidad Rómulo Gallegos y además es investigador del Centro de Estudios del Llano, adscrito a esta casa de estudios superiores.


Treinta y cinco años después de haber participado en la investigación realizada en el Orinoco Medio, Ríos recalca que tuvo el placer de trabajar con el profesor y antropólogo Mario Sanoja en la década del 70.


Según precisa, en 1974 realizaron un trabajo de investigación arqueológica en Parmana, específicamente en Ronquín y La Gruta, tarea que ya para ese momento habían iniciado Sanoja y la arqueóloga Iraida Vargas Arenas, como parte de un proyecto que comenzó en 1972 y finalizó en 1977.


Cabe resaltar que los resultados de las excavaciones efectuadas durante esos cinco años por Sanoja y Vargas están recogidos en el libro escrito por ella: Investigaciones arqueológicas en Parmana. Los sitios de La Gruta y Ronquín, estado Guárico, Venezuela.



Zona importante

Para ilustrar la importancia arqueológica de Parmana, Carlos Ríos recuerda que arqueólogos como José María Cruxent y Mario Sanoja han dicho que esta zona comprendida entre la parte sur de los estados Guárico y Anzoátegui, tal vez era una de las que presentaba alta concentración de población de toda la cuenca Orinoco Amazonas, debido a que había una explotación variadísima por muchos grupos que se relacionaban entre sí, de diversos ecosistemas.


“De hecho podríamos decir –enfatiza– que esta parte sur del estado Guárico era el sitio más importante para el control del paso y la vía más importante que unía a Amazonas, la Meseta Chibcha, el Caribe oriental venezolano, el Caribe del norte y la cuenca del Lago de Valencia. Existieron grupos que mantenían control sobre la faja del Orinoco Medio, que la mantuvieron por muchos años, inclusive más de mil años. No se sabe qué grupo específicamente porque había güires, guamonteyes, otomacos, yaruros. Ese es otro trabajo que está por hacerse: saber qué grupos en el periodo de contacto estaban poblando la zona del Orinoco Medio”.


Hace hincapié Ríos en que antes que llegasen los europeos ya había gente allí. Y para el año 0 antes de Cristo, había comunidades estables que tenían más de 500 años en los sitios de Ronquín, La Gruta, y en otros sitios en el sur de Anzoátegui que se supone que eran una gran confederación o grupos iguales que controlaban todo ese paso.


“Porque cualquier grupo que debía atravesar el Orinoco tenía que pasar por ahí. Entonces primero, se podían controlar desde el punto de vista ecológico, sistemas ribereños que tenían una gran cantidad de productos de la cacería: aves, carnes. En la ribera norte y en la ribera sur del Orinoco, una vez que el río se iba, quedaban terrenos aptos para la agricultura. Se cultivaba maíz, yuca, algodón. Del sur de Amazonas y de Guayana entraban por estos grandes ríos, plumas, picos, cueros, canoas, venenos, una serie de productos importantísimos que se comercializaban también de sur a norte. Del oriente, sal, nada más y nada menos que este producto de importancia capital, a través por ejemplo de la cuenca del Unare que tiene una fácil conexión con la cuenca del Orinoco”, apunta el antropólogo.

Asimismo explica que hay una gran conexión desde el punto de vista estilístico entre los grupos del Orinoco Medio y los estilos cerámicos de la fase Cuartel de Cumaná.


“Se ve que hay una relación entre esos grupos –especifica– porque estaban emparentados. También se ha logrado determinar que esta cuenca del Orinoco Medio, esta sección que la mayor parte corresponde al estado Guárico, tenía un intenso comercio y una intensa relación con los grupos que habitaban la zona norte del país, hacia los estados Aragua y Carabobo, sobre todo en la cuenca de Valencia. Existió una gran red interfluvial. Existió un comercio interétnico que subía a la meseta Chibcha (hoy República de Colombia). Bajaban elementos como el oro a través del Meta y del Apure y llegaban al Orinoco Medio y salían hacia el oriente. Pero también subía la sal y pescado seco y todas esa serie de cosas hasta la meseta Chibcha”.


Puntualiza Ríos que por otro lado los grupos que poblaron las Antillas Menores y las Antillas Mayores, los grupos tainos en un principio y los grupos Caribe que poblaron en una segunda oleada esas grandes Antillas que fue lo que encontró Colón, tenían precisamente su base original en grupos que habían salido de la cuenca amazónica pero que se habían instalado en el Orinoco Medio y después habían subido hacia el oriente de Venezuela y de allí fueron a poblar las Antillas.



Trabajo de campo

Carlos Ríos rememora que en el trabajo de campo efectuado en 1974 también participaron Pastor Edilio Ponce Arriechi, Miguel Perera, Carlos Alberto Martín y Alessandro Oramas. “Todos nos fuimos en una vieja camioneta –cuenta–. Fue bien interesante porque había que meterse a campo traviesa. Había momentos en que la camioneta se ponía de medio lado por esos arenales”.


“Llegamos al pueblo de Parmana –agrega– donde ya el profesor Sanoja había hecho los contactos y nos quedamos en la escuela. Recuerdo que era un pueblo muy pequeño, bastante precario, rural. Estuvimos ahí como unos 10 días de trabajo de campo, de investigación. Contratamos cuadrillas de obreros de la localidad. Claro que nosotros también nos metíamos en la tierra porque eso nos lo inculcó Sanoja”.


El antropólogo comenta que mucha gente en Parmana creía que ellos estaban buscando tesoros, morocotas o algo por el estilo, pero en realidad lo que buscaban era fragmentos de material arqueológico.


“Sacamos una serie de artefactos ya quebrados –explica– porque por lo regular en la arqueología sudamericana el artefacto que da mayor indicio no es el que aparece completo, contrariamente a lo que se podría pensar. Es la serie de artefactos, por ejemplo, pedazos de piedra, de budare, de vasija, los que van aportando toda la información que se requiere para saber cuántas personas vivían ahí, cómo vivían, de qué vivían, cuál era el tipo de pintura que utilizaban, si había comercio interétnico en el eje Apure – Orinoco”.


Insiste que no es la sola pieza rara que se consigue muy pocas veces completa o casi completa, sino son todos esos fragmentos pequeños que con una metodología bien particular que se llama método de seriación, se puede determinar el auge y el decaimiento de grupos indígenas simplemente por ver cuánta cantidad de fragmentos hay en los niveles estratigráficos.


“Entre los elementos más raros que conseguimos –señala Ríos– recuerdo una punta de flecha de cuarzo y lo que parecía ser el talón de una lanzadera, que es un tipo de arma, también de cuarzo. Salieron precisamente del pozo donde yo tenía la cuadrilla excavando. De resto eran pedazos de cerámica, de budare, de asas de la misma cerámica. El sitio arqueológico era un sitio que estaba en la propia Barranca del río Orinoco, que se inundaba poco. También logramos ver una serie de petroglifos y de marcas intencionales hechas sobre las piedras del lecho del río. O sea caras, figuras antropomorfas, figuras zoomorfas, no muchas, pero que daban la idea de que era así como una especie de sitio bien importante porque solamente se veía cuando bajaba el agua. En invierno eso está cubierto totalmente”.



Frenar el saqueo

Carlos Ríos considera que la única forma de preservar ese sitio arqueológico tan importante como lo es la región de Parmana para la comprensión de la arqueología venezolana y americana, pasa por crear o decretar una especie de parque arqueológico.


También el antropólogo está claro en el rol vital que juegan las comunidades para llevar a cabo un proyecto de este orden, pues a su juicio si los habitantes no se involucran, si no le dan la importancia que amerita, difícilmente se pueden obtener resultados satisfactorios.

A Ríos le preocupa lo que trae consigo la indiferencia de la gente que a veces por desconocimiento, permite que otras personas de la localidad o ajenas a ella, incurran en el saqueo y en el tráfico ilegal de patrimonio arqueológico.


“Sabemos que algunas personas –alerta el investigador– se pueden dedicar a ´guaquear´, que es un término tomado del hermano país de Colombia y de Ecuador. Una guaca es un entierro arqueológico o un sitio arqueológico donde está enterrado tal vez un personaje de alta importancia, es como una especie de cámara que se llamaba guaca, y si se le sabía entrar se le podía llegar perfectamente a donde estaba la momia y el oro. Así que guaquear es sinónimo de excavar o buscar tesoros. O de alguna manera es un saqueo arqueológico”.


Dice Ríos que cuando regresaron a Parmana 20 años después –con motivo de una actividad que organizó la Universidad Rómulo Gallegos– del trabajo arqueológico realizado, pudieron constatar que en los sitios donde habían excavado todavía quedaban restos de los huecos que ellos hicieron, con profundidades que oscilaban entre los dos metros y dos metros y medio, pero también observaron con mucha preocupación que había huecos más pequeños hechos por otra gente.


“Nos dijeron en Parmana que eso ni siquiera lo había hecho personas de Parmana, sino de Caicara del Orinoco que se iban los fines de semana a saquear la ribera norte del río. Eso es lamentable. La Ley de Patrimonio pena eso. Hay que dejar en el sitio lo que se consigue, informar al Instituto de Patrimonio Cultural, a la universidad o a un ente regional que pueda canalizar el procedimiento adecuado. Los propios habitantes son los llamados a frenar ese tráfico ilegal de patrimonio. Son los que deben cuidarlo porque el patrimonio arqueológico ayuda a reforzar la identidad de un pueblo”, añade.


Aclara el investigador que los restos cerámicos o tiestos son importantes, pero al sacarlos pierden valor porque están fuera de contexto arqueológico, por consiguiente no sirven y no dicen nada. No se les puede hacer ninguna lectura arqueológica.


En opinión de Ríos todavía hay mucho trabajo arqueológico que hacer en la zona sur del estado Guárico, y menciona por ejemplo, que Puerto Requena es otro sitio que no ha sido estudiado.


“Son aproximadamente unas cuatro o cinco hectáreas enormes –enfatiza– que todavía no han sido excavadas, llenas de puro material arqueológico que está a flor de tierra. Eso significa que allí hubo uno de los más grandes poblamientos del sur del estado Guárico, en Requena, y eso todavía no lo hemos hecho. O sea toda esta zona, Requena, Carapa, El Paují, Cabruta, son muy importantes para seguir descubriendo todo ese intenso intercambio cultural que había en épocas prehispánicas y que de alguna forma son la piedra fundamental para el poblamiento por ejemplo de las Antillas y del Caribe”.



Suma de voluntades

¿Es factible un parque arqueológico en Parmana? Carlos Ríos responde que sí, pero si se le pone empeño desde todo punto de vista. “Primero que nada las comunidades –precisa– porque son las que deben sentir esa necesidad y entes como la Gobernación, que tendrían a su cargo el desarrollo de este eje prioritario. Sería una red de pequeños parques o de estaciones arqueológicas, creo que es el nombre más adecuado, que sean conformadas como una especie de rutas dentro de lo que podría ser un parque o un área de régimen especial, un área protegida para hacer allí las cosas de envergadura que no permitan la ruptura de esa importante evidencia arqueológica”.


Reitera Ríos que la comunidad tiene que involucrarse cien por ciento y cree que ahora en Parmana no existe esa disposición porque para ello hace falta todo un proceso de sensibilización, concienciación y preparación de los habitantes de la localidad.


“Yo me lo planteo como sueño –comenta– y también se lo plantea otro grupo de historiadores de San Juan de los Morros y antropólogos que están en Caracas. En ese intento de sensibilización podríamos empezar por organizar en el pueblo un encuentro de cronistas de la zona y de Las Bonitas, del estado Bolívar; unir esfuerzos con instituciones como la Universidad Rómulo Gallegos o el Centro para la Diversidad Cultural de Venezuela, que tienen entre sus planes el desarrollo de la parte cultural del eje Apure – Orinoco”.


Enfatiza el antropólogo que se debe involucrar a toda la gente que está cercana a los sitios arqueológicos, a los hatos ganaderos, a organismos como Pdvsa y a aquellos que tienen que ver con el desarrollo de una serie de proyectos de alto desarrollo en esa parte sur del estado Guárico. Es una cuestión –subraya– de sumar muchas voluntades.

Ruta turística


¿Necesita Parmana una red arqueológica cuando tiene tantos problemas que afectan la calidad de vida de sus habitantes, entre ellos una penosa vialidad? Ríos dice que el proyecto del parque o estaciones arqueológicas no puede estar divorciado de la realidad social de la zona.


“La gente de Parmana podría mejorar sus condiciones de vida –argumenta– si se abre por ejemplo, de manera seria y organizada al turismo. Y uno de los puntos de atracción podría ser esa red arqueológica. Todo pasa por aprovechar también los recursos naturales de la zona, ese gran patrimonio natural que es el río Orinoco. El problema es que cuando la gente misma del pueblo no lo sabe ni tampoco la gente que gobierna lo sabe, o lo ignora a propósito porque no es prioritario, no se hace nada por eso y no se destinan recursos económicos ni ningún tipo de infraestructura para ello. Incluso podría plantearse una ruta turística arqueológica del sur del estado Guárico”.


Textos: Marlen Leal

Fotografías: Carlos Gómez de la Espriella

 
 
 

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